viernes 10 de febrero de 2012

JUGUETES


Y castiga sin postre al gigante verde después del té de mentirijillas. Además le amenaza seriamente con meterlo en el baúl de los juguetes desterrados, junto con la bruja Pasmina, que tiene los brazos y la cara mordisqueados desde la misteriosa desaparición del hámster de su hermano, y con David, el gnomo chamuscado después del incendio de la casa de muñecas de su vecina Clara. Le explica, con el ceño fruncido, que no puede volver a coger las tijeras de la cocina ni esconderse más bajo las sábanas de la cuna rosa, sobre todo ahora que mamá va a volver del hospital con la nueva hermanita.

viernes 13 de enero de 2012

La mujer del predicador


Al diablo le gusta jugar los domingos, durante el oficio de la tarde. Comienza susurrándole palabras ardientes hasta que su aliento feroz le ruboriza las orejas por debajo del sombrero. Al empezar los salmos siente como unas pequeñas uñas afiladas resbalan espalda abajo mientras ella canta estremecida. Esquiva las enaguas, recorre sus nalgas pálidas con mordisquitos traviesos y cuando desliza por sus ingles una fina lengua rugosa, ella cierra los ojos y acaba con un sol sostenido interminable. Mientras todavía arrebolada se seca discreta la frente, escucha con desconsuelo como la voz atronadora de su marido anuncia la inminente derrota del maligno.

jueves 13 de octubre de 2011

Inquietud profesional


Son las doce horas, un minuto y quince segundos cuando sale del portal. Se despide con la mano de la rubia del tercero. Enciende un cigarrillo bajo la luz de una farola. Apago el mío pisándolo en la acera húmeda y compruebo el silenciador y la recámara.
Se sube las solapas del abrigo y yo le imito mientras le sigo, cada vez más cerca, hasta el callejón que atraviesa todas las noches de los jueves.
Se detiene cuando siente el cañón en la nuca y le pregunto lo mismo que a todos:
-¿Sabes por qué?
-Ni idea - contesta tembloroso.
-Lástima; a mí tampoco me lo dicen nunca.

sábado 11 de junio de 2011

EL CIELO SOBRE NOSOTROS


-¿Y cuándo será el incendio? ¿Antes del terremoto?
-Después, novato; los incendios son siempre después de los terremotos.
-Y entonces es cuando bajamos nosotros.
-¡Nooo! Hay que esperar a que pase la ola gigante ¿No te sabes el Protocolo de Desastres Naturales Concatenados?
-Es que me perdí unas clases cuando me partí el ala derecha.
-¡Virgen Santísima! Cada vez os mandan menos preparados. Presta atención: terremoto, incendio, tsunami y bajamos a recolectar a toda velocidad. No suelen quedar muchos que traer. Cuando llegamos, a la mayoría se los han llevado los de debajo.
-Pero eso solo es por que ellos están mucho más cerca, ¿verdad?

miércoles 27 de abril de 2011

Lista de espera


Todos apretujados en aquel enorme congelador comenzaron a quejarse, casi al unísono, cuando metieron a otro:
    No hay derecho, traen a cuatro por cada uno que se llevan ¿No ven que ya no cabemos?
     La rubia del atropello, la que entró el lunes pasado, dice que es por la huelga
     Sí, ya sé quién me dice. Menuda fresca, desde que llegó no se separa del ahorcado ¿Una huelga de qué? ¿De necropsias caídas?
     Mire, yo lo que quiero es que me toque cuanto antes: es la tercera vez que pierdo el pulgar con la etiqueta y, como esto dure mucho, me veo en una fosa común.

jueves 14 de abril de 2011

Durmientes


Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura, despertó y la miró sorprendido.
-¿No me recuerdas? Del bosque, hace unos días.
El chico negó débilmente con la cabeza: los tubos que salían de su garganta y nariz no le permitían muchos aspavientos.
-Que sí, hombre. Luego me pinché con la rueca y me dormí y tú me besaste y...
El chico abrió mucho los ojos y echó una mirada suplicante al doctor que esperaba en la puerta.
-Nada, este tampoco es- musitó la muchacha alicaída mientras salía de la habitación
-No desesperes -la animó el médico-. Solo en esta planta todavía tenemos a otros catorce en coma irreversible.

miércoles 6 de abril de 2011

¿Y comieron perdices?


Ella sabrá lo que hace, pero su obsesión me desencanta día a día. Paso por que solo se compre zapatitos de cristal y pierda uno cada vez que sale de juerga con sus amigas. Soporto que, desde hace meses, comamos manzanas rojas para desayunar, comer y cenar. Incluso me he acostumbrado a esquivar el armatoste de rueca que ha plantado en la entradita del apartamento. Pero como vuelva a encontrarme otro sapo repugnante al abrir el armario del baño, desempolvo el gorro de plumas, desato al corcel blanco del garaje y me vuelvo a vivir al castillo de mis padres.